domingo, 14 de septiembre de 2008

quien bien te quiere te hará llorar

Finalmente ha sucedido lo que más deseaba. He conocido a alguien que me aprecia, me colma de cumplidos, es feliz compartiendo momentos conmigo, me respeta, me cuida y me mima, desprende una alegría que captan los demás desde que me conoce, es feliz solo con conseguir que yo lo sea, me añora cuando no estoy, me mira con los ojos más dulces que nunca he visto.

Finalmente ha sucedido lo que más temía. He muerto por dentro. Es algo que sospechaba desde que empezó a no importarme si los tíos querían conocerme en algún sentido más que en el bíblico o cuando dejó de afectarme que algo que parecía un comienzo terminara por no llegar a nada. Debería estar feliz, flotando en una estúpida nube de algodón y con unos ojos que desprendieran más chiribitas que los de Candy Candy. Sin embargo lo más que soy capaz es de sentirme halagada o de sentir ternura. Es decir, no siento nada. Nada excepto una gran frustración y algo de miedo. Intento corresponder y no puedo, estoy vacía. Y sé que no se irá por ello, pero me siento tan mal que seguramente terminaré marchándome yo aún sabiendo que eso me convertirá en la mujer más desgraciada del planeta. Aunque lo cierto es que ya me siento así ahora. Y habiendo muerto por dentro, se hará tan larga la espera de morir por fuera...

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces el amor impetuoso, el pasional, el que rompe con todo no es el mejor. Yo creo que deja mejor sabor el poco a poco, el ir descubriendo con el tiempo. Es mejor que te dejes llevar, que disfrutes de lo bueno que te puede estár ofreciendo una nueva oportunidad. Nunca te cortes las alas para volver a soñar.