lunes, 22 de septiembre de 2008

ciegos

Hace un par de días me encontraba tomando café con una amiga. Hablando de un tercero, comentábamos que es alguien genial y muy inteligente, y que nos llamaba especialmente la atención lo sumamente educado que es en sus formas. A raíz de esto expuse que también me había visto en esta situación con un par de compañeros del curso que realicé unos meses atrás, que no daba crédito cada vez que, por ejemplo, me abrían la puerta y me dejaban entrar primero en los sitios, fuera la cafetería, la clase o el bus. Al terminar de hablar me escuché a mi misma y continué diciendo que la verdad es que tampoco es cosa tan rara, que al menos no debería serlo y que quizá tendríamos que empezar a plantearnos qué clase de gente demencial conocemos para que tan simples hechos nos lleguen a resultar sorprendentes.

Es algo que ocurre con casi todo. A veces tenemos las cosas delante de las narices, claras como el agua pero no las vemos. No se trata solamente de que no apreciemos lo bueno, es que estamos tan acostumbrados a lo malo que finalmente nos parece normal y terminamos por aceptarlo.

Creo que es simplemente lamentable...


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo suscribo totalmente.

Anónimo dijo...

Buf, eso nos pasa con tantas cosas.... ^__^
Que a veces pienso que nacimos choscos todos, jeje

adelasuma dijo...

Hola guapa:
acabo de leer tu entrada “Quien bien te quiere te hará llorar”; se ha entrelazado con mis pensamientos, otra pieza del puzzle. He recordado una conversación casual en la Mardigras con un tipo desconocido el sábado pasado. El buen hombre se puso a coquetear con mis amigos franchutes y hablar como un descosido (no entendían nada); pero consiguió captar mi atención. Terminó contándome su vida y su problema, cosas que pasan. Dudaba el desconocido, parlanchín y algo tajado, si dejar a su novia; la quería, era estupenda, pero él no sabía si estaba enamorado. Me preguntó muchas cosas: “qué es el amor?”, “se puede amar sólo porque el otro te ama?”, lo típico. Era un manojito de dudas. Yo le respondí dos cosas: uno, que no se puede estar con alguien sólo porque te sientes querido, que eso es cosificar al que te ama y hacerle vivir en una mentira; y dos, que lo que tenía que hacer era averiguar si realmente quería a esa mujer, porque a lo mejor sí estaba enamorado y no se había dado cuenta. Las pelis de Meg Ryan han hecho mucho daño, la gente tiene unas ideas tontas en sus molleras sobre lo que es el amor. Supongo que el amor es distinto en cada persona pero como buena compulsiva, tras toneladas y eones de libros, pelis y canciones, creo que hay cosas comunes a todos. Para ser exactos dos: calma y pasión, qué curioso, verdad? Y también esa sensación extraña cuando esa persona no está: “Un mundo lleno de gente, y está vacío si me falta un único ser humano” me dijeron hace tres meses. Creo que eso igualmente es universal.

También pienso que nadie debe sentirse en la obligación de amar a quien le ama; eso significaría que en la situación simétrica exigimos amor, qué locura, qué tiranía: el amor se da con las manos abiertas. Y significaría, quizás, que lo que sí tenemos es un miedo irracional a estar solos, y eso sí es una gran autotraición: esperar príncipes azules es una crueldad, ante todo, hacia nosotros mismos. No sé, tengo muchos años, el tiempo a mí aun me pasa despacio. Muchos años y mucha vida, espero tener más. Me he enamorado varias veces, cada una a su tiempo, cada una distinta, única. Pero siempre lo mismo: calma y pasión. Sonreír al ver sus ojos; caminar por la calle y reírte sola a carcajadas al recordar una peripecia; sentir cómo el tiempo se adelgaza y se vuelve dorado al ver una peli en el sofá de casa; el brillo de su tacto en las manos; las ganas de violarlo en el supermercado; el calor de un abrazo; la dulzura de un beso. La belleza del día a día. Lo irrepetible de cada instante. El amor fue creado por el dios de las pequeñas cosas.

Y la última idea: el amor crece si se cuida. Necesita tiempo, tiempo para descubrir al otro y a uno mismo, tiempo para encajar, tiempo para crear. Pienso que el amor no es algo “artificial”, un invento, pero sí una obra de arte, una filigrana infinita de zarcillos cada día más barrocos. Una creación de dos. La indiferencia mata, pero la intención de que sea el otro el que lo ponga todo, también.

Así que bienvenida a la Sociedad Geográfica, exploradora: todo el mundo y todo el tiempo ante tus pies para buscar el cielo.

Un beso