Cierta mañana amanecí con la sensación de que mi corazón estaba en peligro. En un afán de protegerlo lo guardé en una cajita de cartón.
A diario la abría para ver qué tal estaba. Con idea de mejorar su bienestar un día le metí ilusión para que tuviera alegría. Otro día de di sueños para que la ilusión se magnificara. Más adelante le entregué inspiración para que pudiera expresarse. Con el tiempo llegó a sentirse tan feliz que decidió expresarlo con fuertes latidos que generaron amor.
Una noche, queriendo vigilar su descanso abrí la cajita y el amor se escapó envolviendo mi cuerpo y nublándome la vista. Me apresuré a cerrar la tapa para salvaguardar mi preciado bien sin darme cuenta de que mientras tanto, lo que en realidad se escapaba era mi razón.
Perdida la cabeza, le puse un lazo a la cajita y decidí regalar mi corazón. Pero hice el envío a deshora, el destinatario no lo pudo recoger y el paquetito de cartón se extravió. Con él se fue la ilusión y ahora no tengo ganas de nada. Se fueron los sueños, pero de qué sirve soñar. Se fue la inspiración y ahora no sé escribir.
Lo único que se quedó conmigo fue el amor. Buscó un lugar donde refugiarse y al encontrar mi pecho vacío se acurrucó en mi garganta provocándome una presión que hace humedecer mis ojos. Pero aunque duela no le echo de mi lado porque aún conservo algo más. En la cajita nunca llegué a meter esperanza y es ella quien me dice que conserve al amor por si en algún momento el envío llegara a su destino o por si al menos retorna a mi y recuperara mi corazón.
Lo cierto es que sé que la esperanza terminará matandome. Pero no importa. Hace sol. Qué dulce será morir en la playa.
A diario la abría para ver qué tal estaba. Con idea de mejorar su bienestar un día le metí ilusión para que tuviera alegría. Otro día de di sueños para que la ilusión se magnificara. Más adelante le entregué inspiración para que pudiera expresarse. Con el tiempo llegó a sentirse tan feliz que decidió expresarlo con fuertes latidos que generaron amor.
Una noche, queriendo vigilar su descanso abrí la cajita y el amor se escapó envolviendo mi cuerpo y nublándome la vista. Me apresuré a cerrar la tapa para salvaguardar mi preciado bien sin darme cuenta de que mientras tanto, lo que en realidad se escapaba era mi razón.
Perdida la cabeza, le puse un lazo a la cajita y decidí regalar mi corazón. Pero hice el envío a deshora, el destinatario no lo pudo recoger y el paquetito de cartón se extravió. Con él se fue la ilusión y ahora no tengo ganas de nada. Se fueron los sueños, pero de qué sirve soñar. Se fue la inspiración y ahora no sé escribir.
Lo único que se quedó conmigo fue el amor. Buscó un lugar donde refugiarse y al encontrar mi pecho vacío se acurrucó en mi garganta provocándome una presión que hace humedecer mis ojos. Pero aunque duela no le echo de mi lado porque aún conservo algo más. En la cajita nunca llegué a meter esperanza y es ella quien me dice que conserve al amor por si en algún momento el envío llegara a su destino o por si al menos retorna a mi y recuperara mi corazón.
Lo cierto es que sé que la esperanza terminará matandome. Pero no importa. Hace sol. Qué dulce será morir en la playa.

3 comentarios:
¿Y si eres valiente y creas otra cajita de cartón?.
Podría ser una solución, ¿no?. Esperar algo imposible no suele ser una sabia decisión.
Es posible. También es pronto. Aún no me han devuelto el paquete (ya sabemos todos cómo va correos...:P) y si creo una nueva no tendré nada que guardar. Ahora, eso sí, en ese caso no la haré de cartón, eso seguro. Cosas mías.
Ah bueno... olvidaba decir que si no tienes corazones que meter, pues robas el de otro.
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