Imágenes, flashes, palabras, momentos perdidos, recuerdos que bombardean mi cabeza regurgitados desde el nacimiento de la garganta para bañar mis ojos con la sospecha de que una mentira fue la madre de mis días pasados, mi felicidad incomprendida, mi desconocida angustia.
No deseo recuperarlos, ni siquiera revivirlos, pero resurgen sin previo aviso, quizá porque es difícil no pretender asomarse por una puerta que se cerró sin echar la llave, aunque solo sea para intentar descubrir si desde la otra habitación también husmean de vez en cuando.
Incertidumbre, dudas, intrigas, curiosidad. El ansia de respuestas despierta mi subconsciente y en su inconsciencia relata palabras que nunca sonaron. Respuestas a preguntas que no se formularán jamás. Más mentiras que realmente nadie quiere escuchar. O quizá verdades que acaecerían por fin en descanso.
