
Él- Eh...
Yo- ¿...?
Él- No, nada...
Yo- ¡¿...?!
Él- Iba a decirte una cosa, pero creo que no estás preparada para oirla.
Once días más tarde de esta conversación (ayer) decidió que sí lo estaba para leer "esa cosa" si la camuflaba tímidamente en un traje anglosajón y la precedía de un "buenas noches". Se equivocaba. A las 22:00 me descubrí en mi cama-sofá (que no sofá-cama) desprendiendo mi mano del teléfono móvil como si de un hierro candente se tratara, alejándolo de mi vista, ojiplática, sin ser capaz de encajar el sms recibido.
Por fin llaman a la puerta con un corazón, pero me temo que me queda grande. Desde luego correos no da una...
