lunes, 22 de septiembre de 2008

ciegos

Hace un par de días me encontraba tomando café con una amiga. Hablando de un tercero, comentábamos que es alguien genial y muy inteligente, y que nos llamaba especialmente la atención lo sumamente educado que es en sus formas. A raíz de esto expuse que también me había visto en esta situación con un par de compañeros del curso que realicé unos meses atrás, que no daba crédito cada vez que, por ejemplo, me abrían la puerta y me dejaban entrar primero en los sitios, fuera la cafetería, la clase o el bus. Al terminar de hablar me escuché a mi misma y continué diciendo que la verdad es que tampoco es cosa tan rara, que al menos no debería serlo y que quizá tendríamos que empezar a plantearnos qué clase de gente demencial conocemos para que tan simples hechos nos lleguen a resultar sorprendentes.

Es algo que ocurre con casi todo. A veces tenemos las cosas delante de las narices, claras como el agua pero no las vemos. No se trata solamente de que no apreciemos lo bueno, es que estamos tan acostumbrados a lo malo que finalmente nos parece normal y terminamos por aceptarlo.

Creo que es simplemente lamentable...


domingo, 14 de septiembre de 2008

quien bien te quiere te hará llorar

Finalmente ha sucedido lo que más deseaba. He conocido a alguien que me aprecia, me colma de cumplidos, es feliz compartiendo momentos conmigo, me respeta, me cuida y me mima, desprende una alegría que captan los demás desde que me conoce, es feliz solo con conseguir que yo lo sea, me añora cuando no estoy, me mira con los ojos más dulces que nunca he visto.

Finalmente ha sucedido lo que más temía. He muerto por dentro. Es algo que sospechaba desde que empezó a no importarme si los tíos querían conocerme en algún sentido más que en el bíblico o cuando dejó de afectarme que algo que parecía un comienzo terminara por no llegar a nada. Debería estar feliz, flotando en una estúpida nube de algodón y con unos ojos que desprendieran más chiribitas que los de Candy Candy. Sin embargo lo más que soy capaz es de sentirme halagada o de sentir ternura. Es decir, no siento nada. Nada excepto una gran frustración y algo de miedo. Intento corresponder y no puedo, estoy vacía. Y sé que no se irá por ello, pero me siento tan mal que seguramente terminaré marchándome yo aún sabiendo que eso me convertirá en la mujer más desgraciada del planeta. Aunque lo cierto es que ya me siento así ahora. Y habiendo muerto por dentro, se hará tan larga la espera de morir por fuera...