Hace un par de días me encontraba tomando café con una amiga. Hablando de un tercero, comentábamos que es alguien genial y muy inteligente, y que nos llamaba especialmente la atención lo sumamente educado que es en sus formas. A raíz de esto expuse que también me había visto en esta situación con un par de compañeros del curso que realicé unos meses atrás, que no daba crédito cada vez que, por ejemplo, me abrían la puerta y me dejaban entrar primero en los sitios, fuera la cafetería, la clase o el bus. Al terminar de hablar me escuché a mi misma y continué diciendo que la verdad es que tampoco es cosa tan rara, que al menos no debería serlo y que quizá tendríamos que empezar a plantearnos qué clase de gente demencial conocemos para que tan simples hechos nos lleguen a resultar sorprendentes.
Es algo que ocurre con casi todo. A veces tenemos las cosas delante de las narices, claras como el agua pero no las vemos. No se trata solamente de que no apreciemos lo bueno, es que estamos tan acostumbrados a lo malo que finalmente nos parece normal y terminamos por aceptarlo.
Creo que es simplemente lamentable...
