No le olvido.
Le tengo presente en mis pensamientos más de lo que quisiera y sin embargo ya no me importa. Mentira. Sí que me importa, claro que me importa.
Pero ya no me duele. Me entristece un poco pero no me duele. Y aunque creáis que es lo mismo hay una diferencia más que sutil.
Puede que se ensombrezca mi ánimo porque hay muchas cosas que no entiendo y que me cueste zanjarlo porque estoy siempre quedándome con el culo torcido.
O puede que simplemente sea normal y que suceda porque así debe ser. Al fin y al cabo también recuerdo al que me tomó por tonta; al que me mintió a mi mintiéndose a sí mismo y convirtiéndo los años en una farsa; o incluso a aquel que en el fondo estaba tan agradecido de que (aunque fuera sin querer) provocara aquel enorme cambio en su vida que no tuvo huevos a decirme que no quería/podía continuar. Recordarlos ahora me parece entrañable. A ellos no les recuerdo con tristeza, si no con nostalgia.
Perspectiva. Tiempo.
Quizá es lo que necesito. En mi mundo particular con unas dimensiones espacio-temporales elásticas parece que todo se remonta eones atrás y lo cierto es que no es así.
Pero mientras espero a que calendario avance, no le olvido.
Puedo acostarme con aquel, tomar café con este, besar a un idiota y reirme a carcajadas con cualquiera. Pero finalmente lo que zig-zaguea en mi cabeza es su recuerdo: su cara, su voz, sus ojos, su sonrisa, su olor. Él. No lo puedo evitar, siempre Él.
Le tengo presente en mis pensamientos más de lo que quisiera y sin embargo ya no me importa. Mentira. Sí que me importa, claro que me importa.
Pero ya no me duele. Me entristece un poco pero no me duele. Y aunque creáis que es lo mismo hay una diferencia más que sutil.
Puede que se ensombrezca mi ánimo porque hay muchas cosas que no entiendo y que me cueste zanjarlo porque estoy siempre quedándome con el culo torcido.
O puede que simplemente sea normal y que suceda porque así debe ser. Al fin y al cabo también recuerdo al que me tomó por tonta; al que me mintió a mi mintiéndose a sí mismo y convirtiéndo los años en una farsa; o incluso a aquel que en el fondo estaba tan agradecido de que (aunque fuera sin querer) provocara aquel enorme cambio en su vida que no tuvo huevos a decirme que no quería/podía continuar. Recordarlos ahora me parece entrañable. A ellos no les recuerdo con tristeza, si no con nostalgia.
Perspectiva. Tiempo.
Quizá es lo que necesito. En mi mundo particular con unas dimensiones espacio-temporales elásticas parece que todo se remonta eones atrás y lo cierto es que no es así.
Pero mientras espero a que calendario avance, no le olvido.
Puedo acostarme con aquel, tomar café con este, besar a un idiota y reirme a carcajadas con cualquiera. Pero finalmente lo que zig-zaguea en mi cabeza es su recuerdo: su cara, su voz, sus ojos, su sonrisa, su olor. Él. No lo puedo evitar, siempre Él.
P.D.: si lo has leido y no te ha gustado saberlo, lo siento. Pero el que avisa no es traidor.
P.D.2: los que creíais que había cometido una falta de ortografía en el título ahora podéis tranquilizaros al saber que era un juego de palabras más de entre tantos.
